¿Cómo suena la voz de Dios?
Con el lema de este tiempo litúrgico queremos hacernos conscientes de que Jesús nos acerca a la voz de Dios, es la voz de Dios, y que en esta Cuaresma va a ser nuestra referencia.
Nos adentramos en este tiempo como un itinerario interior de vinculación personal con Jesús. En el pasado Adviento nos preguntamos por nuestra relación con Él y por nuestro compromiso creyente en la construcción del Reino de Dios. Ahora, durante estas semanas, queremos seguir profundizando y creciendo en nuestro discipulado.
Para escuchar la voz de Dios necesitamos silencio, calma y escucha; cultivar la interioridad para descubrir, en lo profundo de nuestro ser, sus palabras y su mensaje.
Para escuchar la voz de Dios también necesitamos vivir con la mirada atenta, detenernos a contemplar nuestro mundo, nuestra vida desde la mirada de Jesús, y así poder percibir su presencia entre nosotros.
En esta Cuaresma, como personas creyentes, queremos que Jesús sea nuestra referencia para escuchar la voz de Dios y para mirar desde ella.
No podemos olvidar que, durante este curso, estamos profundizando en el valor de la libertad. Reconocemos en Jesús a una persona libre que es, para nosotros, testimonio y ejemplo de libertad.
Pedimos a Jesús, que nos ayude a crecer en libertad: una libertad comprometida con los demás y con el mundo; una libertad que nos ayude a desprendernos de capas superficiales que nos aíslan o nos encierran, tanto de nuestro ser profundo como de los demás; una libertad que nos lleve a ser más nuestra voz para reconocer otras voces, para escuchar la voz de Dios.
Que este tiempo de conversión, sea camino de acercarnos más a Jesús, para aprender de Él y con Él.
Cartel de Cuaresma
Este año vamos a tener dos carteles para el tiempo de Cuaresma. El primero lo utilizaremos desde el Miércoles de Ceniza hasta el Cuarto Domingo de Cuaresma, y el segundo a partir del Quinto Domingo, con la Resurrección de Lázaro.
Situamos el cartel en el desierto. Jesús, tras su bautismo en el Jordán, se retira al desierto. En él decide seguir la voz de Dios y compartirla con los demás.
El desierto nos lleva al silencio, a la soledad fértil de quien se retira para conocerse más y para escuchar mejor.
Los personajes y Jesús están con los ojos cerrados. Queremos que este tiempo de Cuaresma sea un tiempo en el que cuidemos especialmente la interioridad. Cuando cerramos los ojos se agudiza la escucha, se agudizan otros sentidos que nos llevan más a la profundidad de la experiencia y menos al juicio.
Creemos que el silencio nos abre a la escucha de la voz de Dios en nuestro interior y que nos hace sensibles a experimentarla a nuestro alrededor, a mirar de un modo nuevo la realidad.
Jesús porta una llave. Es la llave que nos lleva a la nueva vida, que nos hace pasar del desierto al vergel, de la muerte a la vida. Nosotros sabemos cómo acaba la apuesta de Jesús, tras su muerte llega la Resurrección. Pero, ¿qué significa su resurrección? ¿A qué vida lleva? ¿Qué vivencia revela? La Cuaresma puede ser para nosotros el camino que dé respuesta a estas preguntas.